Teatro

ANA MARÍA SETUVE PENSANDO A PESAR MÍO

Por Fer Blanco.

Una actriz sola en el escenario, se exhibe, se muestra, ante nuestra mirada que observa, que disfruta, que se detiene en detalles, pero también juzga. ¿Qué significa mostrarnos? ¿Por qué lo hacemos? ¿Cuál es el motor que nos lleva a querer compartir cierta intimidad ante el otro? Mostrar nuestros cuerpos perfectamente imperfectos, nuestras muecas, particularidades, virtudes y defectos, aquello que hacemos “a pesar nuestro”.

 Ana María está ahí, frente a nosotros, en malla enteriza y pelo suelto. Solo la acompaña una alfombra, una silla, un pequeño parlante y el foco de luz que cuelga. Y nosotros claro, sus observadores. Ensaya poses, formas de pararse, de sentarse, de sonreír, de jugar con su cuerpo. ¿Cuánto tiempo se puede aguantar la exhibición ante el otro? Va cambiando de vestuario, siempre en tonos verdes y celestes. Va cambiando de estados, de impresiones, se cuestiona constantemente, qué hace con su cuerpo, por qué lo hace, cómo lo hace. ¿Está mal desear ser vista?

Al principio tratamos de entender dónde está, si es un casting, si está ensayando, si se filma a sí misma, si es una película experimental o simplemente accedió a que la filme un extraño voyeur. El texto presenta cierta ambigüedad y luego entendemos que no importa dónde está sino por qué está allí. Nos lleva incluso a cuestionarnos nosotros mismos, desde nuestro lugar de espectadores, qué nos pasa con ese lugar voyeur de mirar el otro, y qué nos pasa al sentirnos observados. ¿Necesitamos mostrarnos?¿Queremos mostrarnos? ¿Accedemos a mostrarnos? Nos preguntamos también qué nos pasa con nuestro propio cuerpo, con sus particularidad y todo eso que existe “a pesar nuestro”.

La iluminación es tenue y delicada, nos ayuda a construir el vínculo de intimidad que necesita la obra. Los colores de la escenografía que priorizan el marrón, y del vestuario con colores pastel, suman cierta calma y paz al tono de la obra. Hay una dulzura en la reflexión que nos permite involucrarnos con el relato sin exabruptos, y acompañar la obra con preguntas propias. Lucía Márquez es quien le pone voz y cuerpo a esta escena introspectiva, donde se nos permite espiar y colarnos en las propias reflexiones del personaje.

Ternina la obra y nos quedamos con ganas de más, queremos seguir ahí en ese espacio íntimo donde compartimos y nos conectamos. 


Ficha técnica
Autoría: Soledad González
Actúan: Lucía Marquez
Diseño de escenografía: Juan Manuel Banegas
Diseño de luces: Juan Manuel Banegas
Realización de escenografía: Negro En Moto
Música: Juan Manuel Banegas, Diego Bertaccini
Fotografía: Lolo Arias
Diseño gráfico: Negro En Moto
Asistencia de dirección: Hilén Márquez, Sol Pereyra
Puesta en escena: Lucía Marquez
Dirección de actores: Vanina Montes