Teatro

Un espacio delimitado, una oficina, un juego de escritorio rojo y otra blanco. Un espacio del cual no pueden salir. Encerrada en su despecho, Fanny Méndez (intendenta de la Plaza Huincul) resiste a una pueblada junto a su asistente y a un hombre que se hará responsable de un crimen.

Un mes atrás asesinaron a la familia del pueblo de un modo salvaje y aun no se sabe quién es el responsable. Fanny, heredera de la intendencia de Hincul por portación de apellido se encuentra ocupando ese lugar porque “el partido necesitaba una mujer” y la única forma de mantener ese puesto es encontrar un culpable del asesinato, alguien a quien encerrar para poder dar sensación de seguridad a los vecinos: “Es la única forma de que los vecinos puedan volver a mirarse a los ojos”. Su asistente encontró a un posible culpable, alguien capaz de hacerse cargo de todo a cambio de un dinero que le permitirá a su mujer hacer la inseminación artificial que tanto busca para lograr ser madre.

Se moverán siempre dentro de un espacio delimitado, sin poder escapar de ahí, con una desesperación que les atraviesa el cuerpo, con maltratos y abusos de poder. En el fluir de la obra aparecen algunos elementos cíclicos: la repetición en pos de la búsqueda del tono adecuado; las piedras que denotan la posibilidad de desmoronamiento de la mentira; el ritmo atravesado por la tensión, entre piedras, luces y cuerpos que encierran su energía; el uso del cuerpo que los ubica en un lugar en el espacio, que intimida y fortalece esa mentira que se está gestando.

Un escritorio rojo que toma decisiones ante un asesinato para ocultar un crimen en pos de un lugar de poder, una asistente llena de accesorios rojos que colabora con esa causa. Una oficina que se desmorona, cuerpos encerrados, tensión y miedo que se permiten salir cuando se escuchan las piedras. Un ritmo que atraviesa toda la escena. Un interrogatorio donde los cuerpos están excesivamente cerca haciendo uso de su poder intimidatorio, tonos para parecer creíble, repetición para creer la mentira, frustración, pero no culpa.

Los tres actores han logrado una sinergia en el ritmo, logrando un clima que se gesta entre luces y sonidos, espacio de acción y conexión entre ellos. Así, logran transmitir ese clima caótico de la escena e invitan a la reflexión sobre la manipulación de la política, la necesidad de un culpable y los lugares de poder.

Domingos 21 hs.
Teatro Anfitión (Venezuela 3340, CABA).
Compra de localidades: http://www.alternativateatral.com/ficha_obra.asp?codigo_obra=53610

FICHA TÉCNICA
Dramaturgia: Laura Loredo Rubio
Actúan: Gisela Corsello, Ziolo Garcés, Martina Lopez
Vestuario: Amparo Guirao
Escenografía: Betania Rabino
Iluminación: Lucas Orchessi
Fotografía: Laura Mastroscello
Diseño gráfico: Martín Speroni
Entrenamiento corporal: Rodolfo Opazo
Asistente de producción: Patricia Reyes Barrena
Asistencia de dirección: Patricia Reyes Barrena
Producción ejecutiva: Ziolo Garcés
Dirección: Laura Loredo Rubio