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¿Qué es la pasión? Muchos nos preguntamos qué siente el hincha al gritar un gol con todas sus fuerzas, cómo es que se te pare el corazón al ver que tu arquero ataja ese posible gol, cómo es el hábito de ir a la cancha, sacar la camiseta de la suerte del armario y sentir que estar ahí, en la tribuna, es ser parte del equipo, bancando “en las buenas, y en las malas mucho más”.

Si pensamos al fútbol más allá del deporte y lo entendemos como un espectáculo, sería difícil compararlo con otros. Los recitales de rock también desatan pasiones pero ninguno nos lleva a abrazarnos con un extraño después de un gol, llorar de alegría o tristeza, enojarnos y tomarnos el partido como una metáfora de la vida misma. Ninguno nos vuelve parte de un equipo ni nos hace compartir los sentimientos de tal forma que se vuelven enojos, alegrías, sorpresas y tristezas colectivas, más allá de nuestra individualidad.

 

Si podemos pensar al fútbol como un espectáculo, es que nuestro lugar allí es de observadoras y no partícipes de esa pasión que tanto admiramos. Estamos mirando a los chicos de no más de diez años puteando al árbitro, el baile de brazos que se alzan a la par, los directores técnicos ficticios de cada asiento de la tribuna que dejan fluir todas las contradicciones posibles, y la sonrisa que por momentos se escapa ante cada jugada peligrosa.

Roland Barthes escribió una vez que “los espectadores deportivos son físicamente capaces de asumir los gestos externos del compromiso: el júbilo, el descontento, la espera, la sorpresa”*, alejándose de la pasión individual para ser parte de una pasión colectiva, hermosa.

 

La primera vez que una va a la cancha es una experiencia casi etnográfica, mirás para todos lados, buscás similitudes y diferencias entre la hinchada, identificás las distintas tribunas, dónde se encuentra la barra brava, cuál es el palco del Kun Agüero, qué dicen las canciones, a qué ritmos pertenecen, qué sector empieza a cantar primero, dónde ubican a los de la reserva. Todo se vuelve una experiencia y cuando empieza el partido es aun más interesante.

 

Y el gol, es increíble ver a la gente festejando el gol. La felicidad máxima en un par de segundos, la adrenalina que se escapa libremente y pasa por cada uno de nosotros, como si fuera nuestra y no mía, como si la compartiéramos y escapara de todos nosotros al mismo tiempo.

 

Admiramos a la gente apasionada, a la que grita bien fuerte el gol, la que que no tiene vergüenza de mostrar su devoción, pero a veces ser observadora también es una experiencia que vale la pena.

 

*Cita del libro Escritos sobre el teatro, de Roland Barthes.