Lugares

Vencer el prejuicio de viajar sola, tener una decisión espontánea, elegir algún lugar del globo, sacar pasajes y el resto después se verá. Observar, experimentar, vivir, disfrutar, elegir Chile dentro de las opciones del mapa mundi, revisar ahorros y sumergirnos dentro de la aventura.

Un pasaje a Santiago, para una por favor, ida y vuelta, solo cuento con 10 días. La aventura puede comenzar antes, cuando googleamos qué queremos hacer, cómo es el sistema de transporte y qué hostel nos gusta más, elegimos una habitación compartida femenina por una cuestión de comodidad y nos guiamos por nuestra intuición hasta abandonarnos a los cinco momentos más interesantes del viaje, aquellos que causan mayor cosquilleo y vértigo, los más lindos a mi parecer: 1. Cuando pasamos migraciones y el viajar sola se transforma en un hecho. 2. Cuando el avión despega y el viaje se convierte en algo irreversible. 3. Cuando el avión aterriza y todo se vuelve incierto. 4. Cuando llegamos al hostel y todo comienza a cobrar sentido. 5. Cuando esperamos al avión de regreso y podemos mirar atrás plenas y felices.

Recorrer el centro, subir al cerro San Cristóbal, pasear por el barrio Italia y por Las Condes, hacer un poco de shopping, pasear por el cerro Santa Lucía y, sin falta, conocer la Chascona, son algunas de las cosas que se pueden hacer en Santiago. Ni hablar de conocer el GAM y, si se puede, ir a alguna obra de teatro, y salir a bailar cachengue por el barrio Bellavista. Salir, conocer gente, tomar vino chileno en alguna terraza, ver las luces, hacer sociales, aprender palabras nuevas, hacerte amigos de otros países, hablar aunque entiendas el idioma a medias y seguir el ritmo en el baile (o el carrete, como dicen allá). Pero lo más importante en todo viaje es caminar mucho, perderse, investigar, descubrir rincones y tomarse el tiempo para detenerse a mirar.

A tan solo dos horas de distancia, es imposible dejar de ir a Valparaíso: la ciudad bohemia. Con sus murales y sus calles declaradas patrimonio de la humanidad, caminar por sus cerros se vuelve mágico. Casitas de todos colores, mitos y leyendas con sus distintas versiones, escaleras, ascensores y la vista al mar. Es como pasear en una escenografía con alma y arte. Mucho arte y buenas vibras. Ya que estamos, también es lindo ir a conocer la segunda casa de Neruda, La Sebastiana, con su vista al mar y sus tesoros coleccionables.

Luego de subir y bajar escaleras, de sacar fotos y de largas caminatas, es muy probable que lleguen las ganas de descansar. Es momento de ir a conocer Viña del mar, son sus atardeceres casi nocturnos, sus playas silenciosas, sus olas rebeldes y las montañas que nos espían atrás del mar. Paz.

Antes de volver a Santiago, quedará una última parada: Isla Negra, la tercera casa de Pablo Neruda. Con una preciosa vista al mar, detalles en cada rincón, arte, historia y magia, la casa es entre acogedora y una galería de arte, una demostración de un estilo de vida artístico. Consejo para quienes vayan: no miren fijo al rapa nui de la Isla de Pascuas.

Quedará pendiente Atacama y la Isla de Pascuas, pero siempre hay que dejar algo pendiente, una excusa para volver. Solas o acompañadas, eso no importa, simplemente viajar, conocer, estar abiertas a nuevas experiencias, fomentar la curiosidad, conocer gente, escuchar, hablar y observar. ¡Que sigan las aventuras!