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Un día como hoy, hace exactamente 96 años, nació Sam Wanamaker, actor y director norteamericano cuya pasión por el trabajo del Wlliam Shakespeare lo llevó a dedicar más de 20 años de su vida en la construcción del nuevo Globe Theatre de Londres.

Sam Wanamaker viajó un día a Londres para encontrar EL lugar donde las obras de Shakespeare sucedían. Donde sus personajes cobraban vida y el teatro lograba reunir tanto a la nobleza como a los plebeyos, y conseguía que rían, lloren y se emocionen juntos, que sus sentimientos se unifiquen a través del arte. Pero cuando llegó a este lugar, se llevó la gran desilusión de su vida: solo encontró una placa que indicaba lo que alguna vez estuvo allí. El teatro y su magia resumidos en una placa. Así fue como se propuso cumplir el sueño de todo fan shakespeareano y construir una fiel réplica del Globe.

Ya no había rastros de teatros isabelinos, ni planos, ni nada que pueda dar cuenta de cómo fueron exactamente estos lugares, pero un exhaustivo trabajo de investigación histórica y antropológica dieron con relatos de actores, dibujos de estos teatros y ruinas de algunos restos bajo la tierra. Juntando toda esta información, Sam y su equipo planearon construir el teatro lo más similar posible siguiendo las pistas encontradas.

El Globe Theatre fue inaugurado por la reina en el año 1997, pero lamentablemente Wanamaker nunca lo pudo ver terminado ya que falleció cuatro años antes, en pleno proceso de ver cumplido su sueño. Tener la posibilidad de visitar este teatro es una experiencia mágica y por eso tenemos que estarle sumamente agradecidos.

Lo primero que descubrís al llegar son baldosas que rodean el exterior del teatro, cada una tiene un nombre y corresponden a todos los colaboradores que a través de sus donaciones pudieron hacer posible este viaje en el tiempo. Entre ellos se encuentran nombres que nos sacan una sonrisa, como Alfred Hitchcock, y nombres que no reconocemos pero que compartían el mismo sueño. Las puertas se abren y nos encontramos ante un teatro al aire libre, cuyas paredes forman un círculo y su estética nos abraza con un típico estilo Tudor. El escenario es sumamente lujoso a nivel visual y no escatima en detalles, no hay telón y las plateas, formadas por bancos alargados de madera, rodean un espacio libre en el centro de la construcción donde se ubicaban los “grounders”. Este era el lugar más barato ya que las personas que pagaban esta entrada debían ver la obra de pie y no contaban con ningún techo que los repare de la lluvia en caso de que el clima no acompañe. Sería algo así como el actual “campo” de nuestros recitales (antes de que aparezcan los odiados “campos vip”). En esta ubicación se encontraban los plebeyos, gente como uno, que pagan solo “one penny” por la obra. A los alrededores, en las plateas, se ubicaban los comerciantes que tenían mejor pasar económico y podían ver la obra sentados y al reparo de la lluvia y el viento. Por último, en los palcos, justo al lado del escenario, se ubicaban la nobleza y hasta la monarquía. Estos eran los lugares más caros ya que a mayor cercanía del escenario, mayor precio. Sin embargo, estas ubicaciones no poseían la mejor visibilidad del espectáculo ya que terminaban viendo la obra de costado. La razón de la elección de estos lugares y su elevado precio son dos: la primera es que no existían micrófonos, por lo que era una ubicación estratégica para poder escuchar bien todo; y la segunda es que todo el público los podía ver y la práctica de ir al teatro también era una actividad social, para los nobles era importante hacerse ver.

No es difícil imaginarse que con tan sólo pisar el teatro ya podemos transportarnos al reinado de Isabel I o su sucesor Jacobo I de Inglaterra en cuyos reinados nació el trabajo de Shakespeare. Luego de hacer el tour, sería lindo poder sacar una entrada para ver alguna obra cuyos precios son bastante accesibles y es una experiencia que no tiene precio.

Además de este imponente teatro isabelino, al otro lado del río Támesis (donde se ubicaba todo lo que pertenecía al orden de lo pagano por aquellos tiempos), el complejo también cuenta con un pequeño teatro, puertas adentro, para unos 300 espectadores. Aquí se dan las funciones en épocas de frío, funciones íntimas a la luz de las velas.

La idea de este teatro es recrear lo más posible la estética, usos y costumbres de los teatros en la época shakespeareana. Así es que ponen especial énfasis en un teatro “para todos”, con efectos especiales y un gran interés por impulsar autores nuevos. Para los amantes del dramaturgo inglés, estar ahí, poder percibir la esencia del lugar (y ni hablar de presenciar una obra), es una experiencia inolvidable. Por eso, por cumplir el sueño de muchas personas, y por tener el valor y la perseverancia de cumplir el propio, hoy celebramos y agradecemos el nacimiento de San Wanamaker.