Lugares

 

Por unas horas, las calles se vistieron de cuadros y nos enamoramos de las famosas “kilt” que vestían hombres y mujeres bordeando nuestra querida Plaza de Mayo, con un escenario ubicado en Bolívar y Av. de Mayo, sonaban gaitas, se escuchaban los saltitos de la gente bailar y la ciudad de vestía de fiesta para celebrar Escocia, el sábado 11 de abril a partir de las 12 del mediodía.

Hace un tiempo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, específicamente la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural a través de la Dirección General de Colectividades, ha decidido homenajear a distintos países por medio de eventos a los que decidieron llamar “Buenos Aires celebra ...”. El sábado 11 de abril, Buenos Aires celebró Escocia con shows musicales que desplegaron su talento en el escenario y una feria con artesanías y comida típica.

Quienes conocen el país del whisky, los cuadros, las polleras y los castillos góticos, seguramente habrán querido asistir al evento para festejar un lugar que logra enamorar a sus visitantes. Su capital, Edimburgo, fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO y estar allí es como ser  personaje secundario, narrador testigo tal vez, de una película de Tim Burton, o un cuento de Edward Gorey, con su estilo gótico bien marcado, creyendo fielmente en fantasmas de los que no podemos dejar de cuidarnos con más respeto que miedo, porque después de todo son una compañía bienvenida, casi autóctona en la magia de esta ciudad. Un lugar donde sus colinas nos dejan soñar con el tiempo y tener la increíble mirada panorámica de un cielo que parece pintado al óleo, bajo la firme mirada de un castillo que se despliega sobre un volcán sin actividad, que pinta sus casas y edificios de un color tan oscuro que parece que siempre es otoño y nos invita a refugiarnos en sus callejones o “close” que pertenecen a otra época y nos regalan un ratito de su tiempo para tener algo de pasado en la actualidad. En las calles nos vigilan David Hume, Adam Smith, Graham Bell y los llamadores de almas, que le devuelven su hogar a los compatriotas lejanos, desde los cementerios que nos abren sus puertas como si fueran plazas y nos guiñan el ojo para conocer sus secretos, que como todo celta, esconden bajo su tierra que le pertenece a una sociedad rebelde y pasional desde sus orígenes.

La fiesta fue linda, el sonido de las gaitas nos alegró a todos, la conducción del evento dejó bastante que desear (perdón, no me gusta mucho criticar pero es cierto, parecía un acto escolar y había tanto que transmitir que fue una pena) y se mezcló Irlanda con Escocia. Podrían haber decidido celebrar ambos países, pero solo se comunicó el festejo de Escocia y luego nos encontramos con costumbres y bailes irlandeses lo cual generaba cierta confusión. El look de la gente fue muy lindo, y todos tenían muy buena predisposición para las fotos, pero la decoración de los stands y de la calle fue pobre y faltaron puestos de “kilts” y bufandas a cuadros, relojes de bolsillo tan comunes en sus mercados, variedad de whiskys y comidas típicas, inclusive libros de su inmensa cantidad de escritores reconocidos y admirados por todos nosotros, podrían estar exhibidas ediciones de Sherlock Holmes, de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o inclusive de Peter Pan. Hasta se podría haber pensado en una exposición de fotos de Escocia, algún concurso para fotógrafos amateurs y tantas cosas más.

Más allá de cosas que pueden gustar, otras que no, otras que nos hubiese gustado, nos encantó haber podido celebrar Escocia y festejamos que en la Ciudad se puedan homenajear distintos países y colectividades, que nos abran una ventana hacia culturas y costumbres ajenas y nos den un poco de fiesta.