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El viaje del elefante, de José Saramago, es la historia del viaje que tuvieron que emprender Salomón y su cornaca Subhro. Salomón era un elefante asiático que el Rey Juan III de Portugal decidió regalar al Archiduque Maximiliano de Austria, caprichos reales típicos de viejas épocas y no tanto.

“Si Gilda Lopes Encarnação no hubiera sido lectora de portugués en la Universidad de Salzburgo, si yo no hubiera sido invitado para hablarle a los alumnos, si Gilda no hubiera organizado una cena en el restaurante El Elefante, este libro no existiría”, cuenta Saramago y es que en ese restaurante encontró unas pequeñas esculturas que hacían alusión al viaje que había emprendido un elefante, regalo del Rey de Portugal al Archiduque de Austria. Una serie de acontecimientos fortuitos, o no, que alimentaron la curiosidad y dieron origen a una nueva historia.

Un elefante olvidado y su jinete (mejor dicho, cornaca) aparecen en escena para ser regalados (suena raro, pero esto sucedió), porque generalmente uno regala lo que no usa, y cuando no lo tiene más se da cuenta que en verdad lo quería, y al final de cuentas, los caprichos reales se asemejan bastante a los propios, solo que nuestro nivel de egoísmo no suele llegar tan lejos.

El elefante, sin embargo, es un ser noble, inteligente, hábil, sensible, pero olvidado. “En el fondo, quien sabe, los hombres y los elefantes no lleguen a entenderse nunca”, afirma Saramago en esta novela y nos recuerda que el único elefante que por siempre será recordado es Ganesh, un dios hindú con cuerpo humano y cabeza de elefante. Es que este libro nos permite reflexionar sobre la religión, la naturaleza humana, los mitos, estrategias políticas y pequeños momentos efímeros que nunca más serán repetidos pero podemos llevarnos a la eternidad.

Imaginen un viaje, a mediados del Siglo XVI, desde Portugal a Austria. Imaginen a un elefante haciendo ese trayecto. Imaginen la gente que los acompañó en el viaje, vecinos de las aldeas que iban visitando y su sorpresa, imaginen inclusive al propio Rey y al Archiduque. La situación parece risueña y sin embargo no deja de ser sumamente enriquecedora con encuentros y desencuentros, con aciertos y grandes metidas de mata, con momentos de honestidad y otros de chantaje o precavidas omisiones. El encuentro con la naturaleza salvaje y la propia cultura humana. En todo viaje hay muchas cosas por descubrir pero también otras tantas que quedan atrás, y está bien que así sea. Eso es parte del viaje.

“Se acabó, no los volveremos a ver en este teatro, la vida es así, los actores aparecen, luego salen del escenario, porque lo más apropiado, lo más común, lo que siempre sucede más pronto o más tarde, es declamar las hablas que aprendieron y hacer mutis por la puerta del fondo, la que da al jardín”, dice Saramago en esta historia, él también se apena de dejar cosas atrás pero así está bien y seguimos adelante con el viaje del elefante.