Cine y Música

 

Para las que nacimos en los 90’s, las diferentes entregas de Jurassic Park fueron marcando nuestra infancia con la admiración que nos provocan los dinosaurios, los enormes parques de diversiones temáticos y el “mucho de todo” característico de esa década. Por eso, el estreno de Jurassic World, bajo la dirección de Colin Trevorrow, no nos pasa desapercibida.

El parque ya está en funcionamiento y es algo así como un Disney World de dinosaurios, todo parece bajo control y la tecnología parecería estar del lado de los organizadores. La película asume que los seres humanos no nos conformamos con nada y se les pide a científicos que creen razas nuevas de dinosaurios con más dientes, más presencia, mayor tamaño, que asuste a grandes y chicos. Y es que en definitiva, los animales dejan de ser animales para convertirse en juguete para la atracción humana. Sería difícil no pensar en nuestra forma de comportarnos en zoológicos y safaris, ¿no?

Sigamos con la historia, este increíble parque está dirigido por Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) que parece tener todo bajo control cuando su hermana le pide que cuide de sus dos sobrinos cuando van a visitar el parque. Mientras tanto, el parque se prepara para presentar a su nuevo dinosaurio, creado en un laboratorio, más temible que todos los conocidos hasta ahora: el Indominus Rex, diseñado a partir del ADN de distintos dinosaurios. Es claro que algo va a salir mal...

Los avances tecnológicos de esta nueva entrega de la saga son evidentes, los dinosaurios son más reales que nunca y verlos en acción nos causa un enorme placer. Amamos la adrenalina de sentir que todo está en peligro y ver los comportamientos que presentan estos antiguos animales. Nos conmueven los apatosaurus y su forma de moverse tan pacífica, tan amigable; nos causan mucha simpatía los velociraptors que presentan su lado más domesticable y pensamos que pueden llegar a ser un perro fiel pero muy peligroso; y el famoso Tiranosaurio Rex nos causa respeto, él es el rey de esta selva. Al mirar sorprendidas, nunca dejamos de ser niñas y queremos más.

A diferencia de las otras películas, acá los animales están contenidos, encerrados, son animales en un zoológico. Cuando todo irrumpe, empieza el descontrol, pero ningún animal está en su escenario natural, no fueron creados para conocer su comportamiento, sino para diversión del público. Son dinosaurios “de circo”.

No sabemos si la intención de la película fue generar dudas, cuestionarnos cosas, pero inevitablemente lo hacemos y es más que bienvenido. A todos nos gusta ir a un zoológico y soñamos con ser parte de un safari. Los animales que aún viven en nuestro ecosistema son hermosos, imponentes, admirables, y queremos más, queremos verlos de cerca, tocarlos, abrazarlos, humanizarlos. Pero son salvajes. ¿Alguna vez vamos a respetar su esencia salvaje? ¿Vamos a desistir con domesticar todo lo que nos rodea? El dueño del parque dice en la película que su intención al crear el parque fue demostrarnos lo ínfimos que somos, y su contradicción se vuelve convicción en cada espectador, aún hoy no logramos entenderlo.